EL TESORO AREQUIPEÑO DE LOS JESUITAS (LEYENDA)

Sin duda alguna. quien camina por el Centro Històrico de la Ciudad se ve presa del encanto y majestuosidad de las Construcciones y plazas que pueden encontrar, pero tambièn para aquèllos que amamos el Pasado es un medio de comunicarnos de alguna forma con la Arequipa de antaño, presente aùn entre una mezcla de modernidad y pasado històrico.

Pero tambien algo que nos lleva a esos tiempos idos son las Leyendas y Cuentos de Arequipa, entre los que encontrè uno en particular relacionado con el Templo La Compañìa de Jesùs, que està pues ligado ìntimamente a la Hermandad por ser nuestra Sede espiritual y tangible.


Biografía del Autor:

Pablo Nicoli Segura naciò en Arequipa el 19 de Agosto de 1964, cursò estudios primarios y secundarios en el Colegio De La Salle y posteriormente estudiò Administraciòn de Empresas en la UCSM y Literatura en la UNSA. En 1986 fue miembro fundador de la "Agrupaciòn Juvenil de Escritores", donde fue premiado por la Revista "Alma Mater", por su obra "Fisgòn". En 1987, obtuvo el segundo lugar en el concurso de cuento organizado por el Diario Correo, con su obra "El lado oscuro de la luz".

EL TESORO AREQUIPEÑO DE LOS JESUITAS

PRIMERA PARTE: LOS DESCUBRIMIENTOS
Recuerdo claramente el momento en el cual se iniciò esta asombrosa aventura. Transitaba por la calle Santa Catalina -camino al diario donde trabajaba-, cuando decidì observar hacia el interior de una de esas casas coloniales de venta de antiguedades que se hallan cercanas al Monasterio Santa Catalina.
Con el poco dinero que habìa conseguido para el gasto de la semana, ni pensar en comprar algo -me dije a mì mismo-, el precio de cualquier vejestorio, por màs bien cuidado que se muestre, me sacarìa un ojo -que digo-, los dos ojos de la cara.


Estaba por irme y continuar mi camino cuando de pronto, en el interior, arrimado junto a una blanca pared de sillar atiborrada de los màs inverosìmiles objetos de arte, pude observar un pequeño anaquel que estaba rebosante de viejos y maltratados libros de tiempos ignorados. Con una curiosidad muy explicable en mi persona, como coleccionista, me dispuse a violar la intimidad del anciano que atendìa el lugar. Dispuesto a no mostrar mayor interès en el motivo de mi presencia, me puse a indagar sobre los precios de todo tipo de antiguedades. Pasados los minutos, fuì acercàndome, lenta, pero progresivamente, al rincòn donde me esperaban docenas de libros amarillentos y tan o màs arrugados que el mismo anciano que me vigilaba implacable detràs de un mostrador labrado.

Por fin, cogì uno, dos -que digo-, revisè todo el anaquel de libros, invirtiendo en esta actividad cerca de tres cuartos de hora; hasta que conseguì exasperar al dueño del pròspero negocio de antiguedades, que despuès de mucho carraspear y titubear, finalmente decidiò acometer contra mi total falta de consideraciòn y preguntarme si iba a comprar algo.


-¿Cuànto cuesta este ejemplar?- le preguntè esperando un buen susto despuès de oìr la respuesta.
-Veinticinco dòlares -me dijo-, y no acostumbro hacer descuento.
Me quitò el libro de las manos y lo puso en su lugar.
-¡Me parece razonable!- le respondì y notè con mi respuesta cierta impresiòn de incredulidad de parte del anciano; especialmente porque yo no parecìa ser una persona de dinero. Finalmente paguè por lo que consideraba una joya en papel y salì del comercio, con una visible alegrìa dibujada en el rostro, que inmediatamente desapareciò cuando me acordè del Mercado del sàbado y de lo que tendrìa que inventar como excusa a la hora de hablar con mi esposa.

Mientras caminaba por las calles pensando còmo me harìa de màs dinero y faltando tan poco para el fin de semana, volvì a ojear el libro que acababa de adquirir. Se trataba de un viejo ejemplar de tapas de cuero; probablemente falto de algunas hojas, pero era toda una belleza.
Estaba manuscrito en castellano antiguo con tinta negra y roja. Mostraba la fecha de ediciòn del siglo XVIII y habìa sido impreso en el Cuzco; por hermanos de La Compañìa de Jesùs; es decir, el mismo año del decreto de expulsiòn de los jesuitas del Perù en 1767.
Era un libro valiosìsimo, pero no por su valor monetario, sino por el històrico. Probablemente se trataba de un ejemplar ùnico.

Durante varios dìas estuve revisando el viejo libro manuscrito y encontrè cosas tan interesantes como que el autor del mismo, un tal Bartolomè de Santiago encargado de la iglesia de La Compañìa en el Cuzco, habìa venido a Arequipa el mismo año del decreto de expulsiòn por parte de Carlos III -segùn se desprende del manuscrito, los jesuitas habrìan de demorar varios meses antes de marcharse-, y su misiòn habrìa sido la de organizar la salida pacìfica de los miembros de la Congregaciòn de San Ignacio de Loyola. El autor de la obra estimò en 6.5 millones de pesos la pèrdida de los caudales de la Congregaciòn en tierras peruanas, asimismo hace una estimaciòn de la pèrdida del caudal jesuita en Mèxico por 5 millones de pesos màs, y todos estos bienes incautados irìan a engrosar las arcas de la Corona Española; por lo que a todas luces era una conspiraciòn econòmica polìtica contra los hijos de San Ignacio.

No obstante estas enormes cifras que me llamaron a reflexionar; hubo algo en el escrito realmente intrigante que captò poderosamente mi atenciòn, y es que acusaba ser un mensaje que fuì descubriendo de forma casual mientras disfrutaba del libro. Me percatè que en cada final de pàgina de las ùltimas 10, èstas terminaban con una palabra escrita en un tipo de letra diferente al que se veìa en el resto de la obra; lo que no parecìa tener ninguna explicaciòn coherente para mì, al principio; no obstante y quizà -porque estoy acostumbrado a jugar con algunos juegos de letras-, fue teniendo algo de coherencia màs adelante; al ir copiando en una hoja la siguiente lista:
IGNACIO, SAN, DE, ¿TES...? (esta pàgina se encuentra parcialmente mutilada y no se alcanza a leer el final), EL, GUARDA, PLATA, DE, ÀNGEL, EL.

Lista que leyèndola de atràs hacia adelante dice: EL ÀNGEL DE PLATA GUARDA EL ¿TES...? DE SAN IGNACIO.

Pero ¿que cosa significa TES?. Fuì al diccionario y extraje una nueva lista de probabilidades: TESÒN, TESORO, TESTADO, TESTAMENTO, TESTERILLO, TESTERO.

Por lo que optè en elegir las tres mejores opciones: TESÒN, TESORO y TESTAMENTO.

 Haciendo de cuenta que la palabra faltante fuera: "TESORO", y se relacionara con el famoso "Tesoro de los Jesuitas", que segùn una leyenda local fue enterrado en alguna cueva del Chachani, por donde discurre un rìo de agua subterrànea, entonces el descubrimiento se torna realmente interesante, si bien poco me ayudarìa poseer esta informaciòn si no averiguo, primero, a què àngel de plata se refiere dicho mensaje.

Durante muchos meses estuve dedicado a la lectura y al estudio de toda clase de libros y manuscritos que hablaban sobre el famoso tesoro de los jesuitas y en ninguna parte pude encontrar una pista que me pudiera decir què era el susodicho "àngel de plata". Recurrì a autoridades en la materia. como mi buen amigo, el historiador Juan Guillermo Carpio Muñoz, quien me condujo por el camino correcto, al sugerirme que podìa tratarse de una escultura; quien sabe, ya perdida, o quizà la Imagen de madera de un retablo; o cualquier obra artìstica; y hasta especulamos que el mismìsimo Tuturutu de la Plaza de Armas, podrìa ser el misterioso personaje. Me explicò que segùn el historiador y presbìtero, Ventura Trabada y Còrdoba, en su descripciòn que sobre la pila ornamental que se alza en la Plaza Mayor hace referencia en 1752, dice a la letra: "tiene de altura once varas, corònala un Àngel por fama por cuya boca se eleva el agua en un altìsimo penacho..." ¿Podrìa tratarse del misterioso àngel de plata?


No habiendo otra opciòn mas que intentar, me aventurè a entrevistarme -con la excusa de la elaboraciòn de un artìculo periodìstico sobre la Iglesia de la Compañìa-, con el sacerdote jesuita, encargado de la parte històrica del templo. Se trataba de toda una autoridad en la materia que me dijo valiosa informaciòn y sobre todo, un inacabable listado de todas las obras artìsticas adquiridas por la Compañìa de Jesùs de Arequipa y el Cuzco desde mediados del siglo XVIII, hasta nuestros dìas.

Si bien, como ya dije, el listado de obras de arte parecìa interminable, tuve para suerte mìa, la de encontrar una obra pictòrica de 1733, de un pintor indìgena de la Escuela Cusqueña, apodado "El Puma", cuyo tìtulo era "El Àngel Plateado".


Mientras leìa y releìa el nombre de esta obra, sin terminar de creer mi buena fortuna, debì mostrar, seguramente, toda mi emociòn expresada en el rostro; pues el sacerdote jesuita que me acompañaba se atreviò a preguntarme:

-¡Dìgame si tengo razòn, ¿no es por un artìculo periodìstico que està averiguando todo esto? ¿verdad?

No quise mentirle y le contè sobre el descubrimiento que habìa logrado, gracias al libro adquirido en la tienda de antiguedades. Quedò atònito y pareciò interesarse màs de lo que yo hubiera creìdo usual en un sacerdote.
-¡Ahora usted y yo sabemos el secreto! ¿Què piensa hacer?- le dije con cierto temor de escuchar una respuesta negativa.

-¡Pues, por supuesto, ayudarlo con todo lo que estè a mi alcance!

ahora fuì yo quièn quedò atònito, pero por sobre todo, motivado. ¿Serìa posible lograr la ubicaciòn del famoso tesoro jesuita?

-Supongo que primero habrà que decidir lo que haremos con el tesoro, es decir si realmente encontramos algo màs adelante- le dije.

-Creo que es simple, -me respondiò-, mientras se aproximaba hacia mì ofrecièndome una copa de vino-. Repartiremos lo encontrado en tres partes; la suya, la mìa y la de San Ignacio de Loyola.

-¿Y què piensa hacer con su parte? - indaguè.

-La utilizarè para la construcciòn de un auspicio para niños huèrfanos, mi condiciòn como sacerdote demanda este tipo de entrega cristiana. Supongo que esto, para usted, debe ser considerado como un acto de locura de mi parte.

-¡Todo lo contrario!- le contestè-, esta actitud me parece digna de todo elogio; pero dìgame, ¿Còmo explicarà a su orden religiosa lo que podamos encontrar, y sobre todo el asunto de la reparticiòn?

-¡No se preocupe! Yo sabrè como arreglar el problema. Lo màs importante ahora es que juntos logremos dar el siguiente paso; despues de todo; aùn lo que tenemos solo son conjeturas, aunque tengo que confesarle que, el libro que la providencia de Dios ha tenido a bien poner en sus manos; ha sido buscado por màs de dos siglos por infinidad de jesuitas. Es parte de las leyendas de la orden; quizà usted no lo sabìa.

-No, no estaba enterado y espero que este descubrimiento llegue a dar sus frutos, -le dije esperanzado - ¿Y que hay del cuadro que buscamos?.¿Estarà aùn en poder de la Orden Jesuita?.

-Investigarè- me dijo levantando su copa-, solo requiero de algunos dìas y de su paciencia. No lo defraudarè; si esa pintura aùn es conservada por la orden, yo sabrè ubicarla.

Pasaron los dìas y mi curiosidad por saber algo del famoso cuadro fue paulatinamente en aumento; finalmente recibì una corta nota dejada en la oficina del diario que me invitaba a pasar por la Iglesia de La Compañìa a la brevedad. Estaba firmada por el Padre Josè Marìa Valera; mi amigo y socio. Terminè de entregar los artìculos que habìa escrito para el diario y salì presto a entrevistarme con el sacerdote. Una vez lleguè a la sala de recepciòn de la Iglesia, observè que el padre Josè Marìa me aguardaba.

-¡Pase conmigo! - me dijo y se dirigiò a su oficina. Cerrò la puerta de èsta tras de sì y me mirò seriamente, luego expresò.

-¡El Cuadro es una realidad! ¡Lo he ubicado!. Se hallaba guardado en un depòsito de la Iglesia de La Compañìa en el Cuzco y lo he mandado a traer, mañana por la noche estarà frente a nosotros y podremos terminar de descifrar el mensaje del libro.

Una vez dicho esto, se acercò a mì, me abrazò y llorò...

CONTINUARÀ....

3 comentarios:

  1. asu q interesante y la segunda parte

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  2. bien interesante el libro me gustaría saber más sobre dicho tesoro gracias.

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  3. Mi tío abuelo en mas de una ocasión me contó que yendo a cazar venados con su hermano cerca de Arequipa, los agarro una lluvia con rayos, tuenos ellos buscaron refugio en una cueva y entraron con los caballos como ya oscurecía el resplandor del los truenos al fondo hacia ver una gran cruz con muchísimos colores brillantes ellos por miedo a que los caballos salieran corriendo y los dejaran no entraron, acordando volver en otra ocasión , por cosas del destino nunca retornaron

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